Análisis | La ofensiva jurídica contra la desinformación y la injerencia extranjera: nuevos límites a la libertad de expresión en la Unión Europea

Departamento de Análisis de Prensamedia

Introducción

La lucha contra la desinformación y las injerencias extranjeras se ha convertido en uno de los ejes prioritarios de la agenda política y jurídica europea. En un contexto marcado por la guerra híbrida, la manipulación informativa y la instrumentalización de las plataformas digitales, la Unión Europea y los Estados miembros están desplegando un arsenal normativo, administrativo y judicial sin precedentes. El objetivo declarado es proteger la integridad democrática, los procesos electorales y la seguridad nacional. El efecto colateral, cada vez más evidente, es una redefinición de los límites jurídicos de la libertad de expresión y del derecho a la información.

Este giro plantea una cuestión de fondo para el derecho europeo contemporáneo: cómo equilibrar la defensa del orden democrático frente a amenazas reales sin erosionar derechos fundamentales que constituyen la base misma de ese orden. La ofensiva contra la desinformación ya no se limita a códigos de conducta voluntarios o a la autorregulación de plataformas; ha entrado de lleno en el terreno judicial y sancionador, con consecuencias jurídicas de largo alcance.

1. De la autorregulación al derecho sancionador

Durante años, la respuesta europea a la desinformación se apoyó en mecanismos blandos: recomendaciones, cooperación con plataformas y estrategias de alfabetización mediática. Ese enfoque ha cambiado de forma sustancial. La UE ha optado por un marco normativo vinculante que convierte la lucha contra la desinformación en una obligación jurídica, especialmente para las grandes plataformas digitales.

Este desplazamiento hacia el derecho sancionador responde a la percepción de que la autorregulación ha sido insuficiente frente a campañas organizadas, financiadas y, en algunos casos, dirigidas desde terceros Estados. La desinformación deja de ser tratada como un problema de calidad informativa para ser considerada una amenaza a la seguridad democrática.

El cambio de paradigma es relevante desde el punto de vista jurídico: cuando el Estado asume un papel activo en la identificación y persecución de contenidos dañinos, la frontera entre regulación legítima y restricción de derechos se vuelve especialmente delicada.

2. Injerencia extranjera y ampliación del concepto de seguridad

Uno de los elementos más controvertidos de esta nueva ofensiva es la ampliación del concepto de injerencia extranjera. Ya no se limita a espionaje o financiación ilegal de partidos, sino que incluye campañas de influencia, difusión coordinada de narrativas falsas y utilización estratégica de redes sociales para polarizar a la opinión pública.

Desde el punto de vista jurídico, esta ampliación plantea problemas de tipificación. Conceptos como “desinformación”, “manipulación informativa” o “amenaza híbrida” son jurídicamente indeterminados y requieren interpretaciones cuidadosas para evitar arbitrariedades. Sin embargo, la urgencia política ha llevado en algunos casos a priorizar la eficacia sobre la precisión normativa.

Los tribunales y las autoridades administrativas se enfrentan así a un terreno resbaladizo: sancionar conductas que no siempre encajan con claridad en categorías jurídicas tradicionales, pero que generan un daño político y social difícil de ignorar.

3. Plataformas digitales: nuevos deberes, nuevos riesgos

Las grandes plataformas digitales se han convertido en actores centrales de este nuevo marco jurídico. Se les exige identificar, retirar o limitar la difusión de contenidos considerados desinformación, así como cooperar activamente con las autoridades. Este rol cuasi-regulatorio transforma a empresas privadas en árbitros de la libertad de expresión.

Desde una perspectiva jurídica, el problema es doble. Por un lado, se traslada a actores privados la responsabilidad de interpretar normas complejas y de tomar decisiones con impacto directo sobre derechos fundamentales. Por otro, se genera un incentivo claro a la sobre-retirada de contenidos para evitar sanciones, lo que puede derivar en una censura indirecta, preventiva y poco transparente.

El control judicial de estas decisiones es limitado y, en muchos casos, tardío. El resultado es un ecosistema donde la libertad de expresión queda condicionada no solo por la ley, sino por políticas internas de plataformas sometidas a presión regulatoria.

4. Libertad de expresión y test de proporcionalidad

El derecho europeo de derechos fundamentales establece que cualquier restricción a la libertad de expresión debe superar un estricto test de legalidad, necesidad y proporcionalidad. La ofensiva contra la desinformación pone a prueba estos criterios.

La legalidad se ve tensionada por la utilización de conceptos abiertos y por marcos normativos en evolución constante. La necesidad se invoca con frecuencia en nombre de la protección democrática, pero no siempre se demuestra que las medidas adoptadas sean las menos restrictivas posibles. Y la proporcionalidad se cuestiona cuando las sanciones o retiradas afectan a contenidos que, aun siendo polémicos o erróneos, forman parte del debate público.

El riesgo es que, bajo la presión de amenazas reales, se normalicen restricciones amplias que, en otro contexto, serían difícilmente aceptables. El derecho de excepción tiende a expandirse si no se establecen contrapesos claros.

5. El papel de jueces y fiscalías

La judicialización de la lucha contra la desinformación otorga a jueces y fiscalías un papel central. Son ellos quienes deben interpretar normas ambiguas, valorar intenciones y ponderar derechos en conflictos altamente politizados.

Este protagonismo plantea desafíos relevantes. Por un lado, existe el riesgo de politización de la justicia en asuntos donde la frontera entre opinión, información y manipulación es difusa. Por otro, se exige a los operadores jurídicos una comprensión profunda del funcionamiento de las plataformas digitales y de las dinámicas de difusión informativa, algo que no siempre está garantizado.

La coherencia jurisprudencial será clave para evitar soluciones dispares entre Estados miembros y para dotar de seguridad jurídica a un ámbito especialmente sensible.

6. Medios de comunicación y efecto disuasorio

Aunque el foco normativo se sitúa en las plataformas, los medios de comunicación no son ajenos a este nuevo entorno jurídico. La amenaza de investigaciones, sanciones o bloqueos puede generar un efecto disuasorio que afecte al pluralismo informativo.

La distinción entre desinformación deliberada y error periodístico no siempre es nítida, especialmente en contextos de alta polarización política. Si el marco jurídico no es suficientemente garantista, existe el riesgo de que la lucha contra la desinformación se convierta en un instrumento de presión indirecta sobre medios críticos o incómodos.

La protección del periodismo profesional y del debate público abierto debería ser un elemento central de cualquier estrategia jurídica europea en este ámbito.

Conclusión

La ofensiva jurídica contra la desinformación y la injerencia extranjera refleja una preocupación legítima por la defensa de la democracia europea en un entorno hostil y tecnológicamente complejo. Sin embargo, también pone de manifiesto una tensión estructural entre seguridad y libertad que el derecho europeo no puede eludir.

El desafío no es menor: proteger los procesos democráticos sin erosionar los derechos fundamentales que los sustentan. Para ello, será imprescindible reforzar las garantías jurídicas, acotar con precisión los conceptos utilizados y asegurar un control judicial efectivo y transparente.

Si la lucha contra la desinformación se percibe como una herramienta de censura o de control del discurso, su legitimidad se verá seriamente comprometida. En cambio, si logra articularse dentro de un marco jurídico proporcionado, garantista y respetuoso con el pluralismo, puede convertirse en un pilar de la resiliencia democrática europea.

En ese equilibrio, delicado pero imprescindible, se juega buena parte del futuro del derecho a la libertad de expresión en la Unión Europea.

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