La inflación empuja al BCE hacia una nueva subida de tipos de interés

Los mercados financieros europeos llevan días descontando una decisión que ya se considera prácticamente inevitable. Analistas, expertos y medios económicos coinciden en señalar que el próximo jueves, 11 de junio, el Banco Central Europeo (BCE) aprobará una subida de los tipos de interés por primera vez desde septiembre de 2023. El incremento previsto será de un cuarto de punto —un 0,25 %—, situando el precio oficial del dinero en el 2,25 %. La medida supondrá un giro relevante en la estrategia monetaria de la eurozona.

Según informa Público, la expectativa de este movimiento responde al reciente repunte de la inflación en Europa, una evolución que ha llevado al mercado a asumir que el organismo presidido por Christine Lagarde actuará para contener las presiones sobre los precios. Sin embargo, la decisión no solo tendrá efectos sobre la inflación, sino también sobre la economía doméstica de millones de ciudadanos, ya que encarecerá tanto los préstamos como, especialmente, las hipotecas.

«La subida que se anticipa para este jueves pondría fin a un largo periodo de estabilidad en los tipos de interés. El euríbor reaccionará al alza. El ciclo ha cambiado de dirección. Quien todavía no haya cerrado su hipoteca debería hacerlo cuanto antes. Las condiciones actuales siguen siendo buenas, pero la ventana se está cerrando», analiza Jorge González-Iglesias Baeza, CEO de Gibobs.com, empresa especializada en el mercado de las hipotecas.

El euríbor ya anticipa el cambio de rumbo

La evolución reciente del euríbor refleja que el mercado ya ha comenzado a prepararse para este escenario. El indicador a doce meses, utilizado como referencia para la mayoría de las hipotecas variables en España, concluyó mayo en el 2,804 %, frente al 2,747 % registrado en abril, lo que supone una subida de 5,7 puntos.

Si se observa la evolución interanual, el incremento resulta todavía más significativo. En comparación con mayo de 2025, cuando el índice se situó en el 2,081 %, el euríbor acumula una subida de 72,3 puntos básicos.

Pese a ello, el BCE no parece dispuesto a modificar sus planes. Tal y como ocurrió durante el ciclo de diez aumentos consecutivos aplicados entre julio de 2022 y septiembre de 2023, que llevaron los tipos hasta el 4 %, la institución considera que el principal problema continúa siendo la inflación. En esta ocasión, el detonante ha sido la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, un conflicto que ha impulsado los costes energéticos y ha contribuido a que la inflación en la eurozona alcanzara el 3,2 % a finales de mayo.

Para el supervisor monetario europeo, la evolución de los precios sigue siendo una prioridad absoluta, incluso por encima del impacto que la subida de tipos pueda tener sobre los créditos hipotecarios.

Una inflación que preocupa al BCE

El repunte inflacionista ha sido especialmente rápido. En enero, la inflación de la eurozona se encontraba en el 1,7 %, por lo que prácticamente se ha duplicado en apenas unos meses. Durante años, el BCE ha defendido que una inflación cercana al 2 % constituye el nivel adecuado para garantizar la estabilidad económica.

Ese equilibrio se mantuvo durante los últimos ejercicios hasta que el conflicto en Oriente Medio alteró el panorama. Lo que hoy parece una decisión ampliamente descontada por los mercados era, sin embargo, una posibilidad prácticamente inexistente hace apenas unas semanas.

De hecho, a finales de 2025 todavía se especulaba con la posibilidad de nuevas bajadas de tipos para impulsar el crecimiento económico europeo. No fue hasta finales de abril, cuando la inflación alcanzó el 3 % y comenzaron a apreciarse con mayor intensidad las consecuencias económicas de la guerra en Irán, cuando el BCE empezó a valorar seriamente un endurecimiento de la política monetaria.

«No hay razones suficientes para subir los tipos de forma inmediata. Si bien no se ha resuelto la guerra en Irán todavía, los precios del petróleo y del gas están relativamente bajo control, las presiones salariales se están moderando y las expectativas de inflación a largo plazo siguen ancladas», decía entonces el BCE.

Un mensaje preventivo a empresas y trabajadores

Para Josep Lladós, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la principal preocupación de la autoridad monetaria no es únicamente la inflación general, sino la evolución de la inflación subyacente.

«Es cierto que la inflación ha repuntado, pero al BCE lo que le preocupa más es la subida de la inflación subyacente [la que no incluye los precios de la energía y de los alimentos no elaborados] que se ha situado en el 2,5 %. En realidad, este movimiento del BCE es un mensaje directo a los agentes económicos, a los que está diciendo que si negocian al alza precios y salarios va a intervenir para aliviar las tensiones inflacionistas, aunque ahora mismo sería más correcto hablar de expectativas inflacionistas. Aunque se resuelva la situación en el Estrecho de Ormuz, el BCE quiere evitar una segunda ronda de encarecimiento de los precios», apunta Josep Lladós, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

A juicio del profesor, la subida prevista no resulta imprescindible desde un punto de vista estrictamente económico, aunque reconoce que los mercados financieros ya la consideran prácticamente segura.

«Ahora mismo no hay una tensión de precios. La demanda está muy débil, pero sí es cierto que hay un problema de oferta y de encarecimiento de los costes para las empresa por la energía y algunas materias primas».

El riesgo de enfriar una economía debilitada

La decisión llega además en un contexto económico especialmente delicado. Durante el primer trimestre de 2026, el Producto Interior Bruto (PIB) de la eurozona registró una contracción del 0,2 %, una señal de debilidad que ya refleja parte del impacto derivado de la crisis en Oriente Medio.

Aun así, el BCE parece dispuesto a asumir el riesgo de ralentizar todavía más la actividad económica antes que permitir un nuevo avance de la inflación. La posibilidad de una recesión continúa presente, pero la institución considera prioritario mantener bajo control las expectativas de precios.

Esta estrategia no está exenta de críticas. Algunos economistas consideran que el organismo podría estar reaccionando demasiado rápido. Lladós recuerda que durante la crisis inflacionista provocada por la guerra en Ucrania, en 2022, muchas voces reprocharon al BCE haber actuado con excesiva lentitud.

El experto considera que el dato de inflación de mayo «no es malo, pero tampoco es bueno» y sostiene que el BCE «quiere nadar y guardar la ropa».

«Ahora quiere reivindicar su papel como autoridad monetaria y prefiere precipitarse a correr el riesgo de llegar demasiado tarde», añade el profesor de la UOC.

La duración del conflicto marcará los próximos pasos

Por el momento, sigue siendo imposible determinar si esta subida constituirá una medida aislada o el inicio de un nuevo ciclo de endurecimiento monetario. Todo dependerá, según los expertos, de la evolución de la situación geopolítica y de su impacto sobre los precios.

Lladós insiste en que el objetivo inmediato del BCE es actuar de forma preventiva para influir sobre las expectativas de los agentes económicos y evitar que se consoliden nuevas presiones inflacionistas.

La clave, en cualquier caso, continúa estando en Oriente Medio. La evolución del conflicto con Irán será determinante para calibrar la intensidad y duración de las futuras medidas monetarias.

«El desenlace del conflicto en Oriente Medio va a determinar mucho la duración de estas medidas. El comportamiento de la política monetaria en Europa sí dependerá de forma crítica de lo que esté pasando en Irán. Si el conflicto se alarga, lo notaremos en los precios y quizás en verano podríamos ver nuevas subidas de tipos».