Madrid prevé presentar su nuevo Plan Estratégico Municipal a principios de 2027, una hoja de ruta con la que el Ayuntamiento busca redefinir el modelo de ciudad desde una perspectiva más flexible y adaptada a los retos actuales. La directora general de Planificación Estratégica, Myriam Peón, explica que el documento se articula en torno a cuatro grandes ejes: urbanismo, tecnología, marco jurídico y participación ciudadana, con el objetivo de impulsar un modelo de planificación más dinámico y apoyado en herramientas digitales. No obstante, Peón insiste en que el crecimiento de la capital debe abordarse desde el equilibrio urbano, preservando la identidad de los barrios.
Aquí Europa- Madrid es hoy una ciudad clave en Europa y en el mundo, muy atractiva, pero también afectada por el problema de la vivienda y por los equilibrios propios de un gran entorno urbano. Están trabajando en el plan general con una cierta urgencia y con voluntad de aplicación rápida. ¿Cómo lo están desarrollando?
Myriam Peón- No estamos haciendo un plan general al uso, y eso es muy importante tenerlo claro. Tenemos un plan general del año 97, basado en una ley del suelo del año 2001. Han pasado muchos años y no lo hemos podido modificar, entre otras cosas porque el propio sistema de leyes y planeamiento, con su carga de informes sectoriales y procedimientos de aprobación, hace muy difícil que una ciudad como Madrid pueda acometer su desarrollo con agilidad.
La urgencia de planificar hoy una ciudad no puede abordarse con los instrumentos clásicos del urbanismo. Por eso hemos empezado de otra manera: intentando recuperar la esencia de la planificación urbana. Para ello hace falta una figura mucho más ágil, que pueda redactarse en menos tiempo.
Aquí Europa- ¿Cómo se planifica una ciudad como Madrid en menos tiempo?
Myriam Peón- Centrándonos en los objetivos de ciudad. En este caso, la vivienda como emergencia social. Tenemos que pensar dónde puede haber vivienda, cómo deben ser las infraestructuras, cómo nos vamos a mover, cómo nos relacionamos, y cómo mantenemos la identidad y la cultura de Madrid.
Eso no se puede hacer entrando al detalle de la clasificación y calificación del suelo, como hace un plan general tradicional. Eso exigiría ocho o diez años de trabajo, y cuando termináramos, las necesidades ya habrían cambiado. Además, la tramitación obligaría a pedir informes sectoriales que lo harían inviable en términos de tiempo.
Lo que estamos haciendo es cambiar el paradigma del urbanismo clásico. Estamos desarrollando lo que llamamos el Plan Estratégico de Madrid, con cobertura jurídica en la ley territorial vigente de la Comunidad de Madrid. Es una ley que nos permite actuar de otra forma.
La ventaja es que el plan general no se paraliza. Los desarrollos continúan: Madrid Nuevo Norte, por ejemplo, después de 25 años, por fin está arrancando. No tendría sentido suspender licencias ni frenar la ciudad. Es una emergencia y la ciudad tiene que seguir funcionando.
Pero, al mismo tiempo, podemos abordar cuestiones estratégicas del plan general mediante normas de aplicación directa, jerárquicamente superiores. Estas normas pueden hablar de redensificación en determinados ámbitos, de equilibrio urbano o de rehabilitación. Y nos permiten avanzar sin necesidad de detener la ciudad.
Por primera vez en muchos años, los municipios de la Comunidad de Madrid están hablando entre sí. Antes era prácticamente imposible hacer un plan general rápido y con consenso, pero ahora sí podemos compartir estrategias: cómo es tu modelo de ciudad, cómo conectas con el entorno, tanto en los bordes como más allá.
Es un modelo más parecido a lo que en Europa se entiende como un master plan. Madrid necesitaba un proyecto de ciudad. Está funcionando bien, estamos en un buen momento en vivienda, urbanismo y movilidad, pero faltaba una idea global de ciudad: cómo queremos ser en el futuro.
Este plan nos da esa posibilidad, y además la aceleramos. Nuestra intención es presentar en febrero de 2027, antes de las elecciones, el primer documento del plan estratégico, y hacerlo sirviendo de ejemplo. No podemos estar eternamente pensando qué necesita la ciudad sin ejecutar.
Estructura del plan
Myriam Peón- El plan se estructura en cuatro grandes ámbitos. El primero es el urbanismo, pero entendido de forma distinta. Ya no es el urbanismo del arquitecto que dibuja manzanas en un plano. La ciudad es un sistema complejo: la movilidad, la calidad del aire, las relaciones sociales o los equipamientos forman parte del urbanismo. Un equipamiento, por ejemplo, puede tener usos distintos según el momento del día o el tipo de usuario. Madrid necesita un urbanismo menos rígido y más integrado con todas estas disciplinas.
El segundo ámbito es la tecnología. Es la base del sistema. La planificación ya no puede basarse en un plano y un libro de normas, sino en una herramienta digital viva, que se actualiza continuamente. Es lo que llamamos urbanismo adaptativo, un sistema que mide, predice y ajusta.
Podemos establecer indicadores, por ejemplo, mezcla de usos, vivienda, oficinas, y comprobar si funcionan. Y si no funcionan, se pueden corregir. Madrid necesita saber en todo momento cómo está funcionando la ciudad y qué efectos tienen las decisiones que se toman en un barrio sobre su entorno, su movilidad o sus equipamientos.
El tercer ámbito es el jurídico, con una visión estratégica y supramunicipal. Las estrategias de ciudad no pueden quedarse encerradas en los límites administrativos. Madrid es una región capital y hay que mirar también a municipios como Alcobendas, Alcorcón o Getafe, e incluso más allá. La ciudad debe entenderse en su sistema territorial completo.
Y el cuarto ámbito es la comunicación y la participación. Hoy los ciudadanos ya no aceptan que se les presente un plan cerrado. La clave es la escucha activa y la cocreación. Hemos trabajado con mesas de expertos y 10 grandes retos de ciudad, y de ahí han salido las estrategias del primer documento.
No se trata de que un experto diseñe la ciudad desde un despacho, sino de construirla con conocimiento técnico, ciudadanos y profesionales. La participación es clave, no solo para el consenso, sino para explicar el porqué de las decisiones.
Por ejemplo, cuando hablamos de redensificación, hay que explicar por qué se hace, porque permite equilibrar la ciudad, porque mejora la sostenibilidad económica, ambiental y social, y porque favorece la vida urbana y la relación entre vecinos. Esa explicación es fundamental en la planificación de la ciudad del futuro.
Aquí Europa- En relación con la vivienda, el planteamiento combina densificación, regeneración y construcción de nueva vivienda. ¿Cómo pretenden equilibrar estas estrategias y cuáles son las áreas de desarrollo prioritarias en Madrid?
Myriam Peón- Lo importante es entender que Madrid prácticamente ha llegado al desarrollo total de su territorio. Los grandes desarrollos clásicos, del tipo “tenemos que construir X viviendas en un nuevo suelo”, ya no son aplicables. Trabajamos principalmente con suelo urbano consolidado y con suelo urbanizable que ya está en marcha. Por tanto, nuestro objetivo es arreglar y equilibrar ese suelo donde se pueda, sin afectar la identidad de la ciudad.
Hemos hecho un planteamiento teórico y en los próximos 20 años, Madrid podría albergar casi un millón más de viviendas, pero no a costa de todo. No queremos perder barrios ni la calidad de vida que caracteriza a la ciudad.
Por ejemplo, en los desarrollos del sureste —un territorio similar o un poco mayor que el interior de la M30— viven actualmente alrededor de 300.000 personas, mientras que dentro de la M30 hay casi 1,5 millones. Hay un gap importante, y ahí es donde podríamos densificar, siempre dependiendo de la infraestructura disponible: electricidad, agua, redes verdes y equipamientos generales.
En cuanto a la densidad, no nos basamos en cifras teóricas. Medimos la densidad por tejido urbano existente y evaluamos dónde se puede aplicar. Por ejemplo, una densidad media de 70 u 80 viviendas por hectárea puede ser adecuada, manteniendo la calidad de vida, y permite generar vivienda nueva, incluida vivienda protegida.
Dentro del parque edificiado, también es fundamental promover la rehabilitación. Esto se hace incentivando a los propietarios, no solo con ayudas y subvenciones, sino permitiéndoles, cuando sea posible, añadir una o dos plantas para rehabilitar el edificio. Así pueden conservar la vivienda para su uso, alquiler, hijos o venta, o incluso rehabilitar barrios completos, con beneficios e incentivos de edificabilidad, pero siempre con condiciones. No se trata de subir alturas indiscriminadamente. Solo se permitirá donde haya infraestructura, equipamientos, comercio y servicios necesarios para mantener la calidad de vida del barrio.
Estas intervenciones permiten mejorar el espacio público y la cohesión del barrio. También contemplamos flexibilización de los usos y subdivisión de unidades. Si una vivienda es muy grande, se pueden crear unidades más pequeñas sin perder edificabilidad, aprovechando patios o espacios de ventilación. Son medidas de “acupuntura urbana” que incentivan la rehabilitación y generan más vivienda.
La ciudad se estudia desde el equilibrio. No puede haber vivienda a costa de todo. La redensificación se hará donde sea viable, y en barrios consolidados, con tipología histórica que no admite más densidad, el equilibrio se aplicará combinando usos residenciales, productivos y dotacionales. Así podremos corregir desequilibrios y mejorar la calidad de los barrios existentes.
Aquí Europa- ¿No tiene la sensación de que Madrid ha “crecido” hasta entrar en la liga de las grandes ciudades globales, y que eso exige nuevas herramientas de planificación que antes no necesitaba?
Myriam Peón- Sí, sin duda. Madrid está en su mejor momento. Y precisamente para no perderlo tenemos que ser muy firmes en dos cosas.
La primera es reconocer que somos una ciudad global. Eso es importante, tenemos que creérnoslo. Y ser una ciudad global implica asumir determinados esfuerzos. No todas las ciudades tienen la Gran Vía o el aeropuerto de Barajas. Pero al mismo tiempo, no podemos perder la calidad de vida.
Y esa calidad de vida está en los barrios. No se trata de renunciar a la dimensión global ni al turismo ni a la economía internacional, pero sí de mantener la calidad de los barrios. Eso es esencial y además es posible.
Tenemos que pensar en el espacio público de calidad y no perderlo, sino seguir mejorándolo. Si generamos incentivos para edificar, también tenemos que generar incentivos para mejorar el espacio público. Madrid se caracteriza por sus formas de relación, por su identidad social. Somos una ciudad abierta, sí, pero necesitamos seguir cuidando esa red de relaciones.
El espacio público de calidad y los barrios equilibrados son fundamentales. Y en ese sentido, Madrid ya es, en buena medida, una ciudad policéntrica. Lo es porque en todos los barrios hay una identidad cultural muy potente. Lo único que hay que hacer es potenciarla.
No solo desde lo arquitectónico, sino desde lo cultural y lo social. En cada barrio suele haber una plaza, un edificio o un espacio que actúa como referencia. Esa estructura es la que tiene que sostener la vida del barrio.
Hay ejemplos claros: Carabanchel está despegando con la cultura vinculada a las artes gráficas, pero también Villaverde o Usera están desarrollando su propia identidad. Los barrios pueden tener su cultura, su vida propia y su mejora, y al mismo tiempo formar parte de una ciudad global potente.
Estamos jugando en otra liga, y podemos hacerlo sin perder esta identidad ni esta calidad.
Y hay un elemento clave que a veces no se menciona: el transporte público y la seguridad. Son dos de nuestras grandes fortalezas. Si la ciudad crece, por ejemplo hacia el sureste, el transporte público tiene que acompañar ese crecimiento.
Además, el modelo no puede seguir siendo solo radial hacia el centro. Tiene que evolucionar hacia una estructura más en red, de circunvalación, que conecte los distintos desarrollos entre sí. Eso va a definir una nueva ciudad.
Una ciudad global, moderna, que mantiene su identidad, pero que aprovecha todo lo que puede aportar el crecimiento urbano contemporáneo.
Y hay otro aspecto muy importante en Madrid: la estética. Aunque no siempre se diga, a los madrileños no nos da igual cómo es su ciudad. No queremos una ciudad fea, queremos mejorar lo que ya tenemos.
La rehabilitación también es estética, además de energética. No todo se puede resolver con soluciones uniformes en toda la ciudad. Hay que tener en cuenta la identidad de cada barrio, su imagen, su coherencia.
Incluso eso puede incorporarse a la normativa: la estética del barrio como objetivo estratégico de ciudad. Porque es algo que importa y mucho.
Madrid, además, tiene una tradición cultural muy fuerte. Siempre ha sido un centro donde se demuestra el talento: escritores, artistas, creadores… Y eso hay que seguir potenciándolo.

